domingo, 15 de septiembre de 2013

Quería seguir en la muerte a mi madre...

Hola Guadalupe. Te consulté hace un tiempo y me ayudaste a ver que deseaba seguir en la muerte a mi madre. Recuerdo que me dijiste: "tu amor por tu madre es más fuerte que la muerte... un amor infantil y ciego que no ve..." Luego me guiaste para hacer un ejercicio: "visualiza a tu madre delante de ti, mírala a los ojos y espera a recibir la información..."  y esto fue muy sanador para mi!. Gracias por tu gran ayuda!. Pude ver que mi madre, lo que desea en verdad, es que me quede en la vida, esa vida que ella misma me regaló con mi padre. Yo no tenía conciencia de lo que me estaba sucediendo, pero sabía en lo profundo de mi que deseaba morir, y no veía que mi madre se entristecería aún más si así fuera. Al conectarme con ella pude darme cuenta que mi madre se alegra si yo me quedo a vivir, no quiere que su muerte traiga más muerte, mi deseo de seguirla le duele en vez de alegrarla, y me bendice si me quedo.
¡Y pobres mis hijos! Ni siquiera los podía ver! era tal el dolor por la muerte de mi madre y mi deseo de seguirla que no podía mirar a mis hijos, gracias por ayudarme a ver sus ojos tristes ante esta madre que deseaba morir!!! Esto también me guió a re conectar con la vida y elegir ahora quedarme en ella y disfrutar. Gracias!. Liliana, 50 años.

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sábado, 14 de septiembre de 2013

Ahora entiendo porqué mi madre estuvo "ausente"

Querida Guadalupe, quiero agradecerte porque en esa consulta que tuve contigo, donde me acompañaste a verme, a percibir qué me pasaba, qué sentía, pude comprender mi profundo enojo con mi madre, que se traducía en mis enojos constantes con mi pareja, con mis hijos, con la vida misma. Vivía discutiendo con mi marido, en este vínculo es donde más se manifestaba mi enojo oculto con mi madre.
Al permitirme, como lo hiciste, expresar mi antiguo enojo hacia ella porque siempre la sentí "ausente", nunca me sentí mirada por ella, pude ir avanzando hasta entender porqué ella no había podido mirarme. Su alma estaba en ese duelo familiar que se ocultó por tan doloroso: la muerte de su hermano de 7 años, cuando ella era una pequeña de 3 años. Al poder sentir ese dolor, sus deseos de muerte, de ir con su hermano y su padre, el que murió al poco tiempo de su hijo, pude entender que tuve una "madre muerta", que no es que no me halla querido, sino que en su alma deseaba irse con su hermano y con su padre. De ahí su ausencia conmigo y no poder mirarme como su hija.
Qué liberación Guada querida!!! Ahora puedo honrarla, tomarla, aceptar mi destino, me liberé del enojo y me siento mucho más liviana! Gracias!
Marisa, 47 años.

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jueves, 12 de septiembre de 2013

Mi hijo de 23 años no trabaja ni estudia

-Hola Guadalupe. Tengo mi hijo de 23 años que no trabaja, no estudia... está como desorientado, ensimismado, no habla, y no sé cómo ayudarlo. Podrías orientarme por favor? Gracisa. Susana.

-Hola Susana. Desde cuándo está así tu hijo? Qué pasó en tu familia? con quién vive? Visualízalo delante de ti, y espera a recibir información sobre cómo lo percibes, cómo lo ves, qué es lo que necesita, tú eres la madre y lo sabes. Cariños!

-Hola Guadalupe. Lo percibo como un niño de 9-10 años, y respondiendo tu pregunta sobre qué pasó en nuestra familia, en ese momento nos separamos con el padre y no lo vio más porque él formó una nueva familia. Me separé del padre porque no trabajaba, no hacía nada… yo tuve que salir a trabajar para sostener mi familia… así también crecí mucho profesionalmente y hoy soy la que soy gracias a eso que en un momento parecía un problema enorme…

-Hola Susana. Ahora sabes qué es lo que le pasa a tu hijo: necesita tomar a su padre, necesita la energía masculina que viene del padre  para poder enfrentarse a la vida y hacer algo con su vida. Desde lo profundo de su alma tu hijo dice a su padre: “soy como tu papá…”  Aquello que rechazamos, toma más fuerza y poder sobre nosotros y a nuestro alrededor. Tu desafío es agradecer al padre de tu hijo ser como es. Lo visualizas y le dices: “Gracias por ser como sos… Si….”
Luego de agradecer miras a tu hijo y le dices: “él es tu padre… puedes ir hacia tu padre… tienes mi permiso para ir hacia él…”
Los hijos van hacia el padre si las madres se lo permitimos, si le habilitamos el camino para ir hacia el padre.